#21 - Mi hijo se aburre en clase de matemáticas: cuándo es pereza y cuándo es una señal de altas capacidades

Saca buenas notas, no estudia apenas, y aun así dice que las matemáticas le aburren. Y no sabes si preocuparte o alegrarte.

Si has llegado hasta aquí es porque en casa se repite una escena: saca buenas notas, no estudia apenas, y aun así dice que las matemáticas le aburren. Y no sabes si preocuparte o alegrarte.

La respuesta corta: el aburrimiento en clase de matemáticas no siempre es falta de interés. A veces es exactamente lo contrario. Un niño que entiende un concepto en treinta segundos y luego pasa cuarenta minutos esperando a que el resto lo alcance no se aburre porque las matemáticas le den igual. Se aburre porque tiene hambre y le están sirviendo el mismo plato una y otra vez.

Distinguir una cosa de la otra cambia todo lo que harás a continuación.

La diferencia entre aburrirse por defecto y aburrirse por exceso

Hay dos aburrimientos que se parecen por fuera y son opuestos por dentro.

El aburrimiento por defecto aparece cuando algo cuesta demasiado. El niño no entiende, se pierde, desconecta para no sentirse mal. Es el perfil de quien memoriza procedimientos sin comprenderlos y aprueba justo. Ahí el aburrimiento es una forma de rendición.

El aburrimiento por exceso aparece cuando algo no reta nada. El niño resuelve el ejercicio antes de que el profesor termine de escribirlo en la pizarra, y luego no tiene nada que hacer con esa velocidad. Las clases particulares no ayudan, porque le dan más de lo mismo, solo que más rápido. Ese aburrimiento no es rendición: es un motor en punto muerto.

Si reconoces el segundo, sigue leyendo.

Señales de que el aburrimiento viene por exceso

Ninguna de estas señales, por sí sola, significa nada. Juntas, dibujan un perfil:

  • Saca buenas notas sin esfuerzo aparente y sin estudiar.
  • Resuelve los problemas antes de que se termine de explicar el enunciado.
  • Hace preguntas que van más allá del temario: ¿y si el número fuera negativo?, ¿esto se puede demostrar?, ¿y si siguiera hasta el infinito?
  • Se distrae, se dispersa o "molesta" en clase, no porque no siga, sino porque ya ha terminado.
  • Reconstruye las cosas a su manera en lugar de aprenderlas como se las dan.
  • Deja de levantar la mano. Aprende que sus preguntas no encajan en el ritmo de la clase y se las guarda.

Esa última es la más silenciosa y la más importante. Muchos niños con altas capacidades no dan guerra. Sacan dieces, no lloran antes de un examen, no piden ayuda. Y como van bien, nadie se pregunta si están bien. El aburrimiento por exceso es fácil de no ver precisamente porque no hace ruido.

Por qué acelerar el currículo no basta

El instinto lógico es adelantar materia: si va sobrado con lo de su curso, démosle lo del siguiente. Meterle álgebra de 3º de ESO a los 11 años.

Y seamos justos: la investigación dice que la aceleración, cuando está bien indicada, funciona. El alumnado acelerado rinde bien en su nuevo curso y no sufre los daños que a veces se temen. Pero fíjate en su límite: acelerar cambia el curso, no el tipo de problema. Sigue siendo resolver ejercicios cerrados con una única respuesta correcta, solo que de un tema posterior. El motor arranca un momento con la novedad y vuelve al punto muerto en cuanto lo domina, que será pronto. Has ganado unas semanas y has movido el problema, no lo has resuelto.

Lo que un niño con altas capacidades necesita no es ir más rápido por el mismo carril. Necesita otro tipo de problema: abierto, sin una única solución, del que resuelven los matemáticos de verdad. ¿Qué pasa si cambio este parámetro? ¿Dónde hay un patrón? ¿Puedo demostrarlo? Problemas con fondo, sin techo, donde dominar algo no te lleva al siguiente tema sino a una pregunta más profunda del mismo.

Qué puedes hacer en casa esta semana

Sin comprar nada y sin ser matemático:

  1. Trata su aburrimiento como información, no como capricho. "Me aburren las mates" dicho por quien saca dieces es un dato, no una queja. Pregunta qué parte le aburre. La respuesta suele ser reveladora.
  2. Dale preguntas abiertas, no ejercicios. En vez de "haz estas diez divisiones", prueba con "¿cuántos números crees que hay entre el 0 y el 1?". No busques que acierte. Busca que se enganche.
  3. No premies solo el resultado. "Muy bien, un 10" refuerza la velocidad. "¿Cómo lo has pensado?" refuerza el pensamiento, que es lo que le falta alimentar.
  4. Ábrele la puerta a lo que no entra en el temario. El infinito, los números primos, las cuatro dimensiones. Los niños con hambre intelectual no necesitan que se lo expliques: necesitan permiso para explorarlo.

El aburrimiento como brújula

Si has reconocido a alguien de tu casa en este texto, quédate con esto: ese aburrimiento no es un problema de actitud que haya que corregir. Es una brújula que señala hacia dónde no le estáis dando de comer.

Nosotros construimos BLOOM, un videojuego de exploración matemática pensado exactamente para esas mentes: problemas abiertos, sin techo, donde una IA llamada ADA hace preguntas en vez de dar respuestas. Los dos primeros capítulos son gratis, sin tarjeta. No para que "avance más rápido", sino para que por fin tenga algo que masticar.